Usted no es mi hijo
El joven había pedido cita a través de mi secretaria, le di paso mientras repasaba el historial del último cliente que acababa de abandonar mi despacho.
-“Buenas tardes, don Herminio”
-“Buenas tardes, tome usted asiento por favor, su nombre es… ¿Rafael?”
-“Debería usted saberlo bien, me llamo así por su abuelo”
-“No le entiendo…”
Levanté los ojos del historial, miré detenidamente al joven. Me puse en pié y me acerqué a él.
-“¡No me joda!, ¿es usted el hijo de Juliana?”
-“Y su hijo… padre”
-“¿Eso le ha contado ella?”
Todo había empezado veinte años atrás cuando mi ex parió a un bebé. El doctor se me acercó un tanto perplejo y me susurró.
-“Don Herminio, hay algo que no me cuadra, yo he inspeccionado en varias ocasiones su polla y esto no es normal”
-“¿Qué mierda está diciéndome, doctor?”
-“Acérquese y mírele la polla al chico”
Lo hice, el hijo de puta tenía un cipote más grueso y largo que el mío, en reposo se entiende. Yo siempre había tenido el cipote pequeño, en el colegio todos los chicos se burlaban de mí por ese motivo, lo que me convirtió en un tipo agresivo y violento, aprendí a responder a sus jodidas insinuaciones a base de hostias. Y me fue bien en la vida. Asumí que mi cipote era más pequeño que la media, pero me contenté con que al menos sirviera para cumplir su cometido, dar gusto a mis amantes. Ahora descubría que mi propia esposa había tenido que recurrir a otro macho para que le diera más gusto, y que la debía tener descomunalmente grande y le había engendrado ese puto bebé. Me puse como una furia, le insulté y me fui a casa, llamé a un cerrajero para que cambiara las cerraduras y empaqueté todas las pertenencias de esa mujer para enviarlas al pueblo de su madre. El divorcio fue rápido, el doctor se presentó como testigo a mi favor. No había vuelto a saber nada de ellos.
-“Me ha contado que usted la acusó de haber tenido relaciones con otro hombre, pero me aseguró que no había sido cierto. Y yo la creo”
-“No me diga que esa… le ha enviado veinte años después a pedirme que vuelva”
-“¡No, hombre, ella no sabe que he venido, de hecho me fui de casa hace un par de años y casi no nos hemos vuelto a ver, de vez en cuando le llamo por teléfono. Yo solo he indagado un poco y he encontrado su actual dirección y este despacho”
-“¿Por qué cojones me ha buscado usted?”
-“Quería conocer a mi padre”
Me acerqué a él y me bajé la cremallera de la bragueta.
-“Por favor, póngase en pié y sáquese el cipote”
Dio un salto del asiento.
-“Eso lo hago con mucho gusto, me encanta mostrar mi tranca, padre”
La tenía en reposo y era más grande que la mía en erección, este hombre cuando se empalme será una bestia. A su vez yo me saqué la mía, seguía siendo tan pequeña como la suya al nacer.
-“¡Vaya mierda de rabo tiene usted, padre!”
-“¿Y aún me sigue usted llamando padre?, ¿no comprende que es científicamente imposible que mi cipote haya engendrado el suyo?”
El chico hizo algo inesperado, se volvió a sentar, tenía sus labios frente a mi cipote.
-“Muéstreme sus cojones, padre”
Me bajé un poco el pantalón para liberar los cojones, estos sí los tengo bien gordos. El joven se acercó y empezó a lamerlos. Enseguida me empalmé, aún así no llegaba al tamaño de la suya en reposo, pero se me puso duro como una barra de acero.
-“¿Le gustan a usted mis cojones, don Rafael?”
-“Están muy ricos, y ¡qué dura se le ha puesto la polla, padre”
Acto seguido se metió mi cipote en la boca y empezó a mamarlo. Yo empecé a sobarle el cogote, empezaba a caerme bien este jodido muchacho.
-“¿Es esto lo que ha venido a buscar? ¿Le daba morbo pensar en cómo sería el cipote de su pretendido padre? ¿Le había contado esa… que era tan pequeño?”
Dejó de chupar, se puso de pié, tenía su cipote en erección.
-“Mire, padre, mire qué pedazo de tranca tengo”
-“Ya la veo, me cago en dios, y no me gusta, me recuerda en todo momento que usted no es mi hijo, no puede ser mi hijo, ¡joder!”
Me había empezado a cabrear, levanté mi mano abierta dispuesto a propinarle un buen hostión, pero me contuve.
“¿Quiere usted que le enseñe el culo, padre? Eso seguro que le gusta más”
-“Sí, por supuesto, eso seguro que me gusta”
Y aquel joven se desnudó ante mí, era un hombre fuerte, con buenos brazos y mucho vello en el pecho, en eso sí éramos parecidos. Se volvió, también la espalda estaba cubierta de vello y se inclinó apoyándose sobre la mesa del despacho para mostrarme su hermoso culo peludo. Empecé a acariciárselo.
-“Esto sí que me gusta, tiene usted el culo bien peludo y duro”
-“¿Cómo el suyo, padre?”
-“Sí, don Rafael, como el mío”
Había estado tentado de llamarle hijo, “sí, hijo, como el mío”, pero me resistí. Busqué con los dedos su ojete y lo encontré, vaya si lo encontré, húmedo, limpio, rosado, eché un buen escupitajo en mi mano y se lo restregué. Empecé a introducirle los dedos índice y corazón. Fue fácil. Desgraciadamente no era virgen.
-“Cabrón, este puto culo ya ha sido penetrado”
-“Lo siento mucho padre, debí mantenerlo virgen para usted, perdóneme”
Le asesté un buen azote que le dejó mis dedos marcados en la nalga.
-“Cabroncete, le voy a dar una buena tunda por haber sido malo”
Y lo hice, le estuve azotando hasta que me dolía la mano y el ojete babeaba entre contracciones. Y entonces le clavé el cipote entero, de una estocada. A decir verdad no es difícil clavarlo entero porque no es demasiado largo. Dio un leve grito de placer. Empecé a follarle.
-“Padre, le quiero mucho”
Después de veinte años de desentenderme de él, me dio un cierto regusto escuchar esta frase de sus jóvenes labios y seguí follándole.
-“Repítamelo otra vez, cabroncete”
-“Le quiero mucho, padre, le quiero mucho”
Estuve bombeándole durante al menos un cuarto de hora hasta que empecé a sentir que mi leche empezaba a subir. Se lo saqué y le pedí…
-“Vamos, cabroncete, vuélvase y mámeme la leche”
Se acuclilló y me lo hizo con tanto amor que en unos segundos empecé a lanzar cálidos chorros de leche en su garganta, que él tragaba como un jodido glotón. Al final estuvo lamiéndome las últimas gotas mientras se meneaba su inmensa tranca. Yo estaba en la gloria con los ojos medio cerrados y casi no veía lo que estaba sucediendo. Entonces se sentó en el suelo y ahora sí pude ver claramente como en pocos segundos una serie de chorros de leche salieron disparados de su cipote y fueron a parar directamente a su boca. Tras tragarlos se puso en pié y volvió a decirme.
-“Padre, le quiero mucho”
-“Y yo me alegro, muchacho, desde hoy estoy dispuesto a disfrutar al máximo de su hermoso ojete y sus cálidas mamadas… pero quiero que le quede claro, don Rafael, que usted no es mi hijo. Me cago en dios, un hijo mío no puede tener un cipote tan inmenso”
VALE COMPAÑEROS, ESTE RELATO ES POR DEMAS CALIENTE, SOLO DE IMAGINARMELO TODO, ME HE EROTIZADO Y ME CALENTO, BIEN VALE LA PENA VOLVER A LEERLO Y HACERSE UNA PAJA…UFF YA ESTOY HUMEDO Y BABEABDO. JEJEJEJEJE
yo soy lo mismo y con el culo muy peludo
vale campeon acabo de recibir tu comentario sobre el particular, de verdad eres peludo del culo? asu compadre debes estar rico para baberatte adentr……saludos
yo no tengo el culo peludo pero la goze con este relato
vale Rene, eso no importa que no lo tengas peludo, lo que importa que te lo mamen, y el relato ufffff me hare otra paja…..