Desde que mi nieto Braulio se emancipó, empezó a venir todas las tardes a visitarme al salir del taller de fontanería donde trabaja. Habitualmente damos juntos un paseo por el parque, y a veces me invita a ver alguna película en el cine. Casi siempre son películas de puñetazos y patadas en los cojones, dice que le ponen cachondo.
Me acompañó al urólogo y estaba presente cuando éste me dijo que la ligera hipertrofia de mi próstata era benigna pero podía empezar a provocarme problemas de incontinencia urinaria.
Mi vida ha ido cambiando paulatinamente, a veces siento necesidad imperiosa de orinar y no me da tiempo llegar al baño y bajarme el calzoncillo, por lo que en casa siempre estoy completamente desnudo y al salir con Braulio ya nunca me lo pongo ni me abrocho la bragueta. Desde entonces no me atrevo a salir solo de casa. Cuando orino no consigo vaciar toda la vejiga y sigo teniendo ganas, por lo que suele salirme un chorrito cuando ya me he guardado el cipote.
A Braulio esta situación también le ha cambiado la vida, pero él ahora está gozando como un bendito. Ya no ha fallado ninguna tarde y los fines de semana se instala en casa desde el viernes por la tarde hasta el lunes por la mañana cuando sale hacia el taller.
Hoy, como es día del espectador, ha quedado en que me va a llevar al cine, estoy un poco nervioso, no sé como va a funcionar mi grifería, aunque sé que mi fontanero es capaz de manejar cualquier tipo de avería. Me he vestido con mi traje gris perla que tanto le gusta, pero sin corbata, para poder lucir mi peludo pecho con la camisa desabrochada y le estoy esperando sentado en mi sofá junto a la puerta de entrada con el cipote fuera. Ya oigo sus pasos subiendo al trote las escaleras, ya oigo su llave abriendo la puerta. Aquí está mi hombretón.
-¡Abuelo! ¿Cómo estás?
Lo primero que hace siempre, tras saludarme, es arrodillarse ante mí y meterse la cañería en la boca, yo dejo que mi vejiga se relaje y descargo a placer mi orina calentita en su garganta. Me gusta observar su rostro de satisfacción mientras traga mis meados con delectación.
-Buena meada abuelo, cada día tienes la polla más gorda.
-Es que hoy la tengo un poco morcillona, hijo.
-¡Qué guapo estás con este traje!.
Estamos haciendo tiempo, pero los labios de Braulio no se alejan de mi húmedo capullo porque sabe que en unos segundos le voy a descargar otro chorrito de buena orina.
-¡Umm!, este último chorro es el que está más rico, abuelo.
-Muy bien hijo, pues podemos marcharnos.
Bebí un buen buche de bebida isotónica. El doctor nos ha dicho que debo estar bien hidratado, así que solemos llevar siempre un par de botellas de bebida isotónica y por el camino y sobre todo tras cada meada, bebo buenos tragos.

Bajamos en el ascensor y Braulio aprovecha para abrazarme con sus musculosos y peludos brazos y me aprieta contra su pecho tan peludo, pero más vigoroso que el mío. Me da un cariñoso beso introduciendo su gruesa lengua hasta mi garganta, mientras me soba violentamente el culo.
Ya en la calle damos, como cada día, un paseito por el parque, aunque hoy tomando la dirección hacia la salida Este para ir al cine. Caminamos despacio para intentar controlar mis ganas de mear. Cuando tenemos bancos en el camino del paseo aprovecho para sentarme en un par de ellos para que mi nieto me succione plácidamente la orina. Pero para ir dirección al cine solo hay un banco y está cerca de la salida, no creo que lleguemos. De hecho ya estoy sintiendo ganas.
-¡Macho, que me meo!
Braulio se acuclilla atléticamente, en menos de dos segundos saca mi cipote de la bragueta siempre abierta y obtiene como premio su ración de meados. Le acaricio la cabeza con el pelo rapado al cero que le da ese aire de viril masculinidad.
En este momento se cruzan con nosotros un padre con su hijo de la mano.
-Oiga, caballero, ¿le está haciendo una mamada el chico?
-No, por dios, eso nunca lo haríamos en un sitio público, es que sufro de incontinencia urinaria y mi nieto siempre me ayuda recogiendo en su boca mis orines.
-Es usted un hombre con suerte, ojalá todos los jóvenes se portaran así de bien con sus mayores.
-Sí, mi nieto es un hombre muy cariñoso.
A menudo me veo obligado a dar este tipo de explicaciones, para que la gente no nos tomen por unos putos pervertidos.
Por otro lado, a mi nieto le jode mucho eso de que, siempre que vamos juntos, él sea “el chico”, “el joven”, algunos incluso le llaman “el niño”; por eso he remarcado que “mi nieto es un hombre”. Estos pequeños gestos hacen que cada vez se sienta más apegado a mí.
Braulio recoge mi último chorro de orina y se pone en pié.
Doy otro buen trago de bebida isotónica y reemprendemos la marcha.
-Gracias, abuelo.
-¿Por qué, hijo?
-Por la meada, estaba deliciosa.
Aunque suene repetitivo, cada vez que se bebe una meada, me gusta oírle decir que le ha gustado.
Al llegar al banco me siento y Braulio se arrodilla sumisamente ante mí para gozar de una nueva y cálida meada.
Un viejo de mi edad, o tal vez mayor, se sienta a mi lado y se empieza a sobar ostensiblemente el paquete.
-Braulio, bebe a chorro, hijo.
Braulio se separó del cipote morcillón, me lo agarré bien con la mano opuesta al lugar donde se había sentado el viejo, y así el jodido cachondo pudo observar como los orines salían de mi capullo como de una fuente y chorreaban en la boca de mi hambriento nieto.
-Traga bien, machote, que no se derrame ni una gota.
Como siempre, tiene que esperar unos segundos para obtener ese último chorro que tanto le gusta. Bebo un largo trago, termino la botella, nos ponemos en pié y la tiró en la papelera. Me despido del viejo cachondo:
-Adiós, amigo, hazte un buen pajote a nuestra salud.
-Gracias, me lo haré.

Afortunadamente la sala de cine no está muy lejos y nos da tiempo a estar sentados en las butacas de la última fila antes de la siguiente micción. Pero me entran ganas que mear antes de que apaguen las luces de sala, ya no aguanto y mi nieto me hace el avio con soltura y descaro. Algunos jóvenes se quedan mirando con aire de desprecio, pero ante la vista de los inmensos brazos de Braulio no se atreven a hacer ningún comentario ofensivo. Aunque llevamos otra botella, mi nieto me ha comprado una más de la máquina expendedora de la entrada.
-Cuanto más bebes de esto, más rica te sale la meada, abuelo.
Temo que me entren ganas justo en medio de una escena de violentos mamporros y mi nieto se entretenga y no le dé tiempo a bajarse a beber. Por supuesto es una de esas historias en la que los machos se dan hostias hasta en el cielo de la boca. Da gusto ver la cara de satisfacción de Braulio, con las venas de sus antebrazos hinchadas y los puños fuertemente cerrados dispuestos a romperle la cara personalmente al más guapo de la película. Su pecho palpitando en excitante tensión, bajo la camisa entreabierta que cada inspiración deja entresacar un mechón de recios pelos castaños, que vuelven a hundirse en el pecho en cada expiración. Su bragueta está duramente hinchada. Y yo me deleito observando cada palmo de su cuerpo varonil, hermoso y cachondo.
De vez en cuando me obsequia con una brillante mirada y una dulce sonrisa, se sabe observado y se siente orgulloso de ser el protagonista de mi sesión de cine. Sé que aunque está absorto en la acción de la pantalla no pierde de vista mi bragueta ante una posible emergencia. Y yo estoy empalmado como un burro.
He disfrutado tanto de la belleza de mi nieto que se me ha pasado la hora y media de película sin acordarme de mear, pero, me cago en dios, justo al encender las luces me vuelven a entrar ganas.
-¡Macho, que voy!
Como tengo el cipote bien tieso, me pongo en pié y le meo a chorro en la boca. Tiene la cabeza inclinada hacia atrás, su nuez sube y baja tragando con pasión. Me da mucho gusto sentir mi orina recorriendo mi cipote, acariciando mi capullo y finalmente la visión del chorro cayendo en su hermosa boca.

Alguien ha debido ir a quejarse al jefe de sala, quien ha venido a pedirnos explicaciones, se las he dado cordialmente y el buen hombre tras disculparse nos ha despedido con unos fuertes apretones de manos.
Al salir, como ya ha anochecido, mi nieto para un taxi que nos lleva a casa.
Tras el imprescindible magreo del ascensor, -hay dos cosas que siempre ponen muy cachondo a mi hombretón: las películas de puñetazos y los ascensores- llegamos a casa.
-Abuelo, te saco otra meada y me marcho, que mañana tengo que hacer un servicio a domicilio en un pueblo a 50 kilómetros de aquí, quiero salir bien temprano para evitar la caravana.
Vamos al dormitorio para estar más cómodos, me siento en la cama y él, como siempre se arrodilla para adorar mi cipote, como lo sigo teniendo duro y derecho como un roble, se mete el capullo en la boca y acariciándome los cojones espera impaciente la meada. No tardo en darle gusto, bueno en darnos gusto, porque procuro disfrutar yo también de la micción. Al terminar, y sin esperar su chorro de regalo, empieza a mamármela con fruición. Sobo su cabeza bien rapada con mis dos manos, estamos los dos cachondos como bestias. Se la clavo hasta la garganta, se atraganta, eso me pone todavía más cachondo, se la vuelvo a clavar, su glotis se abre y siento que engulle mi capullo y empiezo a soltarle chorros de leche que se traga con el mismo gustazo que mis orines.
-¡La hostia, abuelo! ¡Qué ganas tenía de mamártela! ¡Qué leche más rica, dios!
Se levanta, me da un beso metiéndome su gruesa lengua en el fondo de la garganta y puedo incluso degustar el sabor de mi propia corrida, que por cierto está bastante buena.
-Hasta mañana abuelo.
-Hasta mañana hijo, no te olvides de coger la botella del frigorífico.
Durante el día, suelo mear en una botella de litro y medio hasta llenarla, para que mi nieto pueda seguir disfrutando de mis deliciosos orines cuando está solo en su casa. O acompañado.
QUE SUERTE TIENEN LOS QUE NO SE BAÑAN, CAMBIANDO DE TEMA ME GUSTARIA QUE ME PRESENTARA A SU NIETO.
Que suerte saber que no soy el unico que fue la hembra de su abuelo, aunque a mi no me orinaba, me la hacía mamar y luego me la daba por el trasero…
tengo que confesar que después de leer este relato del abuelo he quedado con la verga tan dura que podria hacer un hueco en la propia piedra. que pajeada me espera!!!. Lástima que mi abuelo ya murio porque que rico seria que ambos pudieramos disfrutar de nuestros orines.
atención abuelos me encanta chupar pijas, culos y que me llenen de orina y semen. propuestas?
necesito varios abuelos mayores de 70 años que les fascine orinarme penetrarme culiarme meterme la mano en el culo piñas papayas cocos dildos dos o tres pijas juntas. Me encanta olerles los slips bien meados y después de usarlos durantes dias tragarme toda su leche entre la comida uhhh que rico. contactenme por favor.
el primer dibujo me gusto